La risa puede romper barreras, reducir distancias y conseguir que un mensaje permanezca en la memoria del público. Sin embargo, para utilizarla profesionalmente no basta con contar un chiste.
En su intervención en el Albacete Marketing Day, el actor, cómico y presentador Rubén Faura analizó cómo el humor puede ayudar a empresas, instituciones y profesionales a comunicar de una manera más humana.
Su experiencia en el teatro, los monólogos, la televisión, las redes sociales y la presentación de eventos corporativos demuestra que la comedia puede ser mucho más que entretenimiento. Bien utilizada, se convierte en una herramienta para captar la atención, transmitir ideas y construir una marca personal reconocible.
La clave reside en encontrar el equilibrio: el público debe recordar el mensaje y a la marca, no solamente el chiste.
De Jim Carrey a los escenarios
El vínculo de Rubén Faura con la actuación comenzó durante su juventud. Tras ver La Máscara, protagonizada por Jim Carrey, le confesó a su padre que quería dedicarse a ser actor.
La película despertó una vocación que ya estaba presente en su forma de relacionarse con los demás. Rubén era el alumno divertido de clase, el que utilizaba el ingenio para conectar con sus compañeros y desenvolverse en diferentes situaciones.
Sin embargo, convertir esa facilidad natural en una profesión exigió formación, experiencia y disciplina.
Sus primeros pasos se dirigieron hacia la interpretación dramática. Aquella etapa estuvo marcada por la inestabilidad habitual del sector: castings, periodos sin trabajo y proyectos que podían terminar de forma repentina.
Con el tiempo descubrió que el humor no era únicamente una cualidad personal, sino el territorio donde se sentía más auténtico.
Convertir el ingenio en una profesión
Ser gracioso en un grupo de amigos no equivale a dominar un escenario. El trabajo profesional de un cómico requiere escribir, probar, descartar y reescribir continuamente.
Rubén Faura transformó la espontaneidad en una actividad estructurada mediante los monólogos, el teatro humorístico, la interpretación audiovisual y la presentación de eventos.
Según recoge su trayectoria oficial, ha participado en producciones teatrales como Histeriotipos y Recién casados, esta última representada en espacios como los Teatros Luchana y el Teatro Lara de Madrid.
También ha intervenido en series como La que se avecina, Amar es para siempre, Acacias 38 y Tiempos de guerra. Su perfil profesional combina así diferentes ámbitos: actor, cómico y maestro de ceremonias.
Esta diversidad le ha permitido comprender cómo cambia el humor dependiendo del escenario, la audiencia y el objetivo de la comunicación.
¿Utilizar el humor resta profesionalidad?
Uno de los principales temores de las empresas es que el humor pueda debilitar su autoridad o hacer que un mensaje parezca poco serio.
Rubén Faura rechaza esta asociación automática. Una organización puede mantener el rigor y, al mismo tiempo, comunicarse con cercanía.
La profesionalidad no depende de adoptar permanentemente un tono solemne. Se demuestra mediante el conocimiento, la preparación, el cumplimiento de los compromisos y la capacidad para adaptarse al contexto.
El humor puede resultar especialmente útil cuando una empresa necesita:
- Captar la atención.
- Explicar una idea compleja.
- Romper la tensión inicial.
- Humanizar a sus portavoces.
- Facilitar la participación.
- Generar un recuerdo positivo.
- Acercarse a públicos poco receptivos a la comunicación tradicional.
La pregunta no debería ser si una marca puede utilizar el humor, sino qué tipo de humor resulta apropiado para su identidad, audiencia y propósito.
La risa como conexión humana
Cuando varias personas ríen juntas, comparten una reacción emocional inmediata. Durante unos segundos se reduce la distancia entre quien comunica y quien escucha.
Este vínculo convierte el humor en una herramienta especialmente poderosa para presentadores, docentes, líderes de equipo y marcas.
Una campaña puede exponer correctamente todas las características de un producto y no generar ningún recuerdo. En cambio, una historia divertida puede captar la atención y facilitar que el mensaje sea procesado.
Una investigación recogida en PubMed sobre el humor en mensajes preventivos observó que los anuncios humorísticos recibían más atención y sus mensajes eran mejor reconocidos que las versiones sin humor.
No obstante, los resultados no son universales. Otros estudios señalan que el humor puede mejorar la atención y la actitud hacia una campaña, pero no garantiza por sí solo el recuerdo de la marca ni la intención de compra. Así lo explica una investigación sobre humor y comunicación en redes sociales.
El humor abre la puerta, pero el mensaje todavía necesita atravesarla.
El humor como recurso para las empresas
Grandes organizaciones, medios de comunicación y figuras públicas recurren habitualmente a cómicos y guionistas para construir mensajes más naturales.
El trabajo de estos profesionales no consiste únicamente en añadir chistes. También pueden ayudar a:
- Encontrar un tono comprensible.
- Detectar situaciones cotidianas con las que el público se identifica.
- Simplificar mensajes.
- Introducir sorpresa.
- Construir un ritmo narrativo.
- Evitar que una presentación resulte monótona.
- Humanizar a un portavoz.
Rubén mencionó durante su intervención el caso de figuras como Rosalía, capaces de alternar una imagen artística muy cuidada con apariciones televisivas desenfadadas. Estas situaciones muestran un lado cercano y ayudan a reducir la distancia con el público.
La naturalidad se convierte así en un elemento de marca.
Autenticidad antes que impostura
El humor funciona mejor cuando resulta coherente con la persona o la organización que lo utiliza.
Una empresa que nunca se ha comunicado de manera desenfadada puede generar rechazo si intenta adoptar repentinamente un tono excesivamente informal o copiar las bromas de otras marcas.
La audiencia detecta con rapidez cuándo una voz parece impostada.
Por eso, el primer paso no consiste en buscar un chiste, sino en comprender la identidad de la marca:
- ¿Cómo habla normalmente?
- ¿Qué relación mantiene con sus clientes?
- ¿Qué temas puede abordar?
- ¿Qué límites no debería cruzar?
- ¿Qué clase de humor encaja con sus valores?
- ¿Qué espera la audiencia de ella?
El humor necesita surgir de una personalidad real. De lo contrario, puede llamar la atención, pero difícilmente construirá confianza.
Reírse de uno mismo como muestra de seguridad
Una de las herramientas más poderosas de la comedia es la capacidad para reírse de uno mismo.
La autocrítica bien utilizada transmite seguridad, reduce la distancia con el público y demuestra que la persona no necesita presentarse como alguien perfecto.
Rubén Faura recurre con frecuencia a sus propias experiencias, inseguridades y contradicciones para construir material humorístico. Esta vulnerabilidad permite que la audiencia se reconozca en sus historias.
Sin embargo, reírse de uno mismo no significa menospreciarse continuamente. El objetivo es mostrar humanidad sin destruir la propia autoridad.
En una marca personal, la vulnerabilidad funciona cuando está acompañada de confianza y se comparte desde una posición consciente.
La improvisación del Teatro Lara
Durante la conferencia, Rubén recordó una actuación en el Teatro Lara de Madrid en la que bromeaba sobre su supuesto parecido con Mario Casas.
Desde la cuarta fila, una espectadora lo interrumpió para compararlo con otra figura conocida. En lugar de ignorar el comentario o enfrentarse a la situación, Rubén lo incorporó al espectáculo.
La respuesta funcionó tan bien que terminó utilizando aquella comparación como elemento de apertura en actuaciones posteriores.
La anécdota muestra una de las grandes fortalezas del humor en directo: la capacidad para escuchar y convertir un imprevisto en una oportunidad.
Una interrupción podía haber roto el ritmo de la actuación. Sin embargo, la experiencia, la rapidez y la ausencia de miedo a reírse de sí mismo permitieron transformar el momento en nuevo material.
Escuchar al público también es marketing
La improvisación tiene una traducción directa al mundo de las marcas.
Las empresas suelen planificar sus mensajes de forma unilateral, pero las redes sociales han convertido la comunicación en una conversación abierta. Los comentarios del público pueden modificar, enriquecer o cuestionar el contenido original.
Escuchar estas respuestas permite descubrir:
- Nuevos temas.
- Expresiones utilizadas por la comunidad.
- Preguntas frecuentes.
- Problemas que la empresa no había detectado.
- Bromas que pueden convertirse en códigos compartidos.
- Formatos con potencial para repetirse.
Rubén aplica este principio cuando incorpora comentarios de sus seguidores o intercambios con personas de otras regiones. La conversación deja de ser una reacción secundaria y pasa a formar parte del contenido.
Albacete como elemento de marca personal
Las referencias a Albacete ocupan un lugar importante en el humor de Rubén Faura.
Su ciudad no es únicamente un lugar de procedencia. Es una fuente de anécdotas, expresiones, personajes y situaciones que aportan personalidad a su trabajo.
Este arraigo también aparece en sus espectáculos y entrevistas. Medios locales han destacado su relación con la ciudad y su participación en producciones televisivas como La que se avecina, como puede verse en este perfil publicado por El Digital de Albacete.
La identidad local funciona porque es auténtica. Rubén no intenta hablar desde un personaje genérico, sino desde sus propias experiencias.
Cuanto más concreto es el punto de partida, más fácil puede resultar que personas de otros lugares se identifiquen con la emoción que existe detrás.
Constancia y especialización en las redes sociales
La presencia digital de Rubén Faura se apoya en dos principios: constancia y enfoque temático.
Según explicó en su ponencia, publica entre tres y cuatro vídeos breves cada semana, centrados principalmente en la comedia.
Esta regularidad ayuda a mantener el vínculo con la audiencia y aumenta las oportunidades de que un contenido sea descubierto. Pero la frecuencia no sería suficiente si el perfil no tuviera una propuesta reconocible.
Cuando una persona sigue a un cómico, espera encontrar humor. Si el creador publica contenidos completamente desconectados entre sí, puede diluir su posicionamiento.
La especialización permite que la audiencia comprenda rápidamente:
- Quién es el creador.
- Qué tipo de contenido ofrece.
- Por qué debería seguirlo.
- Qué puede esperar de sus futuras publicaciones.
Los perfiles oficiales de Rubén pueden consultarse desde su página de enlaces.
Crear contenido sin convertirse en esclavo del algoritmo
La constancia no debe confundirse con publicar cualquier cosa.
Cada vídeo necesita reforzar la identidad del creador, probar una idea o aportar algo a la audiencia. Publicar por obligación puede conducir a una acumulación de piezas que generan actividad, pero no construyen una marca.
Una estrategia sostenible combina:
- Una temática definida.
- Formatos que puedan repetirse.
- Espacio para la experimentación.
- Escucha de la comunidad.
- Análisis de resultados.
- Tiempo para escribir y mejorar.
- Una frecuencia que el creador pueda mantener.
La profesionalización consiste en convertir la creatividad en un sistema sin eliminar la espontaneidad.
El equilibrio: que el chiste no eclipse el mensaje
El humor puede captar tanta atención que el público recuerde la broma, pero olvide qué producto, empresa o idea se estaba presentando.
Por eso, Rubén considera que el equilibrio es el principio fundamental del humor corporativo.
La comedia debe estar al servicio del objetivo. Puede romper el hielo, introducir una característica o recuperar la atención, pero no debería competir con el mensaje central.
Antes de incorporar humor a una acción empresarial conviene responder tres preguntas:
- ¿Qué queremos que recuerde el público?
- ¿Cómo ayuda esta broma a transmitirlo?
- ¿Seguiría entendiéndose el mensaje si elimináramos la parte humorística?
Si el humor no refuerza la idea principal, puede convertirse en una distracción.
El caso Opel: humor integrado en una presentación comercial
Rubén Faura puso como ejemplo su participación en la presentación nacional de un vehículo de Opel en Madrid.
Durante el evento interpretó el papel de un supuesto jefe de concesionario infiltrado. La dinámica introducía situaciones cómicas sin abandonar la finalidad comercial de la presentación.
El público recibía información sobre el automóvil, pero dentro de una experiencia más sorprendente y entretenida.
El caso demuestra que el humor corporativo puede integrarse en una acción profesional cuando existe:
- Un guion previamente trabajado.
- Conocimiento del producto.
- Coordinación con la empresa.
- Un personaje adaptado al contexto.
- Límites claros.
- Equilibrio entre información y entretenimiento.
La comedia no sustituyó la presentación del vehículo. Sirvió para hacerla más dinámica y memorable.
El humor también tiene riesgos
Utilizar la comedia exige conocer el contexto. Una broma apropiada para un monólogo puede resultar inadecuada en una comunicación institucional.
Las marcas deben tener especial cuidado con:
- El humor basado en colectivos vulnerables.
- Las bromas que ridiculizan al cliente.
- La ironía difícil de interpretar por escrito.
- Los temas sensibles.
- Las diferencias culturales.
- Las respuestas impulsivas ante una crítica.
- La utilización forzada de tendencias.
- Los chistes que no guardan relación con el mensaje.
Una investigación publicada en Frontiers in Psychology muestra que la respuesta ante la publicidad humorística puede variar según las características culturales y el tipo de humor utilizado.
Esto confirma que no existe una fórmula humorística universal. La audiencia, el canal y el momento importan.
Siete claves para utilizar el humor en una marca
La experiencia de Rubén Faura permite extraer siete recomendaciones:
1. Conocer la personalidad de la marca
El humor debe resultar coherente con la forma habitual de comunicarse.
2. Definir el mensaje principal
Antes de escribir una broma hay que saber qué debe recordar el público.
3. Utilizar experiencias reconocibles
Las situaciones cotidianas facilitan la identificación.
4. Mostrar vulnerabilidad con seguridad
Reírse de uno mismo puede humanizar sin perder autoridad.
5. Escuchar y adaptarse
Los comentarios y reacciones pueden convertirse en nuevas ideas.
6. Mantener el equilibrio
La broma debe reforzar el mensaje, no sustituirlo.
7. Trabajar con profesionales
El humor corporativo necesita escritura, ensayo, conocimiento del público y capacidad para reaccionar.
La risa como puente de comunicación
La trayectoria de Rubén Faura demuestra que el humor puede convivir con la profesionalidad.
Su valor no reside únicamente en provocar una carcajada. También puede captar la atención, facilitar una conversación, explicar una idea y mostrar el lado humano de una organización.
Para conseguirlo, la comedia debe apoyarse en autenticidad, preparación y conocimiento del contexto.
Una marca no necesita convertirse en cómica para comunicarse con cercanía. Pero sí puede aprender del trabajo de los humoristas: observar, escuchar, sorprender y contar historias desde una voz propia.
Cuando el humor respeta el mensaje y a las personas que lo reciben, la risa deja de ser un simple efecto. Se convierte en un puente entre la marca y su público.
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